CIERTA DESCONOCIDA

domingo 15 de marzo de 2009

uff, cuánto tiempo, casi dos años... En dos años han pasado tantas cosas que creo que ya no sé ni escribir. Después de aquel problema con mi plagio dejé esto muy abandonado, pero ahora desde la distancia debo decir, qué más de que me copien, casi es un halago, así es que vamos otra vez para adelante.
Aquí estaré, si me necesitáis.
Un saludo a todos mis conocidos y desconocidos.

Te echo de menos

lunes 9 de julio de 2007


Te echo de menos como los desiertos echan de menos la lluvia. Como la noche desea la luna.

Te echo de menos como una letanía y siento tu ausencia grabada a fuego entre tu piel y la mía.

Estás en el espacio que guarda el silencio, en la luz que precede la oscuridad más profunda, y aunque te busco entre palabras, sólo este vacío aguarda, sin más respuesta que la distancia, que aunque es corta, dice el bolero, media un mundo entre tu y yo.

Escucho tu nombre repetido en cada silencio que mi mente encuentra, en cada recoveco de mis espacios ausentes, tu soledad parece enfrentarse a la mía, y en mi voz escucho el lamento callado del grito enjaulado que alcanzarte quiere. Intento romper barreras, cruzar abismos, atravesar los sueños por alcanzarte y sé que es en vano, parece que el destino juega a romper los puentes que mi torpe perseverancia se esfuerza en construir, y dejo en el empeño estelas de je te manque, I miss you, ich vermisse Sie, li manco, Eu falto-o, Я пропускаю вас, y no sé como decirte simplemente que te echo de menos, que no entiendo tu ausencia ni tu alejamiento, que no sé por qué este silencio ni concibo la razón que te hizo negarte nuestro momento, por mucho que sepa que me cambiaste por una isla virtual, sólo virtual.

Te echo de menos como el mar echa de menos las olas, como la aurora anhela el atardecer, como el invierno espera la primavera. Te echo de menos como una costumbre y a veces pienso si un día dejaré de echarte de menos, o si eternamente estaré esperando tu regreso.

Te echo de menos y espero algún día dejar de hacerlo, pues sé que es absurdo anhelar los sueños, y así dejaré que el tiempo se acabe de llevar tu recuerdo, tu aroma, tu tacto y hasta el aliento de tus besos, que yo sé que en silencio me desean tus labios, casi tanto como yo a ellos, que tal vez lidies con mi pensamiento cuando a escondidas te descubres recordando nuestro encuentro, quien sabe si en el fondo me echas de menos, quien sabe si a ratos te preguntas como deshacer el tiempo o buscar el momento de volver a vernos. Y mientras a este lado del tiempo y el espacio yo seguiré echándote de menos...

Caricias

viernes 6 de julio de 2007

Mientras callas, y me miras, me dejas regodearme en tu cuerpo dulce y suave, pasearme despacio por él, hasta llegar a tus labios y depositar un beso en forma de caricia... Tu piel me habla y yo la escucho, dejo que se exprese y en silencio te dejo mi mensaje codificado en cada dedo de mi mano, que escribe caricias lentas en tu piel... Y tu mano se distrae en mi espalda, bajando despacio y perdiéndose en la curva de mis nalgas... Que no callen tus caricias, que me dicen cuanto deseas que siga hablándote sin palabras.
Debe ser por eso que cada vez que tus manos se distraen en mi pecho me excita de formas diferentes... Debe ser que nunca repites, más bien improvisas, como un músico de jazz sobre el contrabajo de mi cuerpo... Puntea un poco más, practica el pizzicato y no pierdas el ritmo que me gusta esta nueva melodía...
Necesito celebrar una vez más la lujuria de tu piel en mis labios, de tu cuerpo entre mis brazos, de tu abrazo entre mi piel, y dejar que la pasión nos emborrache una vez más...
Esta noche volví a soñar contigo, sentí tu cuerpo aferrándose al mío, tus labios acariciando mi nuca, tus manos perdiéndose en cada rincón, en cada pliegue, haciéndome volar al octavo cielo, pues el séptimo ya hace tiempo que se quedó bajo. El sol entró sin permiso por la ventana y se metió en mi cama y me hizo cosquillas en los ojos hasta que los abrí para descubrir que estaba abrazada al vacío que tu cuerpo dejó al marcharte...
El hombre de negocios habla con exagerada verborrea de cifras y números... Hace rato que me he perdido en sus palabras para encontrarme en tu mirada. Intensa. Penetrante. Siento como despacio me desnudas, despojándome de todo aburrimiento con la ropa que lentamente cae en el suelo, tu pelo me hace cosquillas en el pecho mientras tus labios besan mi ombligo, tus manos se pierden en cada curva, en cada redondez, en cada planicie que mi cuerpo le ofrece, y yo me dejo llevar por mis labios en un viaje improvisado al centro de tu piel....
Los aplausos irrumpen, parpadeo, me escapo de tu mirada para volver por un momento a la cena... Tu ya estás levanáandote y disculpándote, mientras me miras cómplice y te vas hacia el baño... Te sigo, primero con la mirada, y luego con los pies. Siento como despacio me desnudas, despojándome de todo aburrimiento....
Me miras desde unos ojos extremadamente brillantes, seductoramente viciosos... La caricia fue sólo el prólogo al deseo que se escribe con letras de pasión sobre nuestros cuerpos sudados, perdidamente enamoradas en ese paréntesis que le hemos robado al tiempo para hacerlo nuestro.

Jeroglífico

jueves 5 de julio de 2007


Jeroglífico de líneas y surcos, de piel y caricias, de besos prohibidos que empapan mi boca y envuelven mi alma, deseo de manos ardientes, de cuerpos fundidos de bocas besantes, rompientes, sesgadas de fuego y agua, de fiebre y delirio que arman, desarman la paz de este sitio.
Sitias mi alma, silencias mi voz, enciendes mi fuego y cercas deseos en guerras de abrazos, enredos de manos, y cuerpos luchando contra el deseo.
Combatientes a duelo tu boca y la mía, y en un sólo beso la pasión sostenida, el aliento sediento, la guerra perdida y vencida, empezando, acabando y de nuevo otra boca, otro beso, batalla zanjada, mordiendo en el cuello tus dientes, mi vida, perdiendo y venciendo y queriendo y huyendo y volviendo, ardiendo en tus brazos, y un quiero y no puedo y no debo y deseo y te abrazo y me besas y escapo y me encierro en tus brazos, de nuevo derrocho, no puedo y deseo y no debo y te bebo y me bebes y miras, te miro, miramos delirio, delinco en deseo y te tiento, me muerdes, te embrollo, me envuelves, te aparto, me acercas, de nuevo me vences, te pierdo, me ganas, te atrapo, me enredas, caemos en un nuevo beso y otra vez, otro intento...
Jeroglífico de líneas y surcos de piel y caricias, de besos prohibidos... Dame un abrazo y me pierdo contigo.

Me voy

miércoles 4 de julio de 2007


Durante cuatro meses he soportado este silencio, que me carcome.
Voy merodeando por los vacíos de mi alma, rebuscando en el hueco de mi corazón, los restos del naufragio, y esperando que el silencio se muera o se diluya en el agua de mis lágrimas o en el eco de tu voz dulce.
Espero sin sentido y me quedo dormida a la orilla de tu cobardía, que parece aumentar según pasa el tiempo. Siento el frío de tu ausencia que me hiela de dentro afuera, desde ese agujero negro en el que se convirtió mi corazón, como a veces pasa con las estrellas.
Dicen que miro triste, que no sonríen mis ojos. Será que siguen llorando en silencio, aunque nadie los ve llorar. Ya me cuido yo que así sea.
Miro con distancia, como si nada de lo que ante mi hay existiera en realidad. Miro hacia ti, y en la distancia sigo mirándote a los ojos para ver si por fin me respondes, pero tus ojos se ven borrosos, como en neblina, la neblina del muro que has construido entre tú y yo, creyendo que así tal vez yo no te vea.
Pero te veo. Sé donde estás. Sé que no eres más que la sombra de lo que quisiste hacerme creer que eras. Sólo eres un disfraz, un espejismo, el reflejo de un rayo de luna. Nada.
Y aún así sigo esperando, creyendo que tal vez si que seas real, y cada día que pasa me doy más cuenta que nunca vas a dar la cara. No eres nada. Sólo el rayo de luna que se va al salir el sol.
Y por eso me voy.... Ya me he cansado de esperar a que el rayo de luz se convierta en lo que nunca podrá ser. La oscuridad de tu silencio ha apagado todo reflejo de tu espejismo, y por mi parte no quedan ya ni las ganas.
Tal vez sólo necesites tiempo, pero en la clepsidra de mi vida tu agua ha dejado de gotear. No puedo ni quiero seguir viendo caer la gota que quedó suspendida en el aire. No voy a mirar las ondas que deja, ni siquiera voy a esperar que la espera desespere, ni que el silencio se vuelva estruendo de amor como cristales rompiéndose contra el suelo de tu olvido.
Huiste porque no supiste amar, o tal vez porque este amor se te quedó grande, me da igual, francamente. Me abandonaste, no tuviste valor ni de apoyarme, y quieres ser mi amiga, cuando ni siquiera te preocupas de si respiro. Que lástima pero adiós...
Y sigo pensándote, pero no dejas de ser un rayo de luna que un día vi y creí que era mi sueño. Pero los sueños sueños son y tú sólo fuiste la sombra de un sueño, no diste para más.
Ando en círculos alrededor de tu recuerdo, merodeando en la memoria, rebuscando algún resto de tu sabor en mis labios, o el tacto de tu piel en mis manos, pero si soy sincera, descubro que ya el tiempo dio paso al olvido que empieza a devorar todo resto de tu recuerdo.
Sigo amándote y sigo soñándote, pero debo irme. Es el momento de partir, de alejarme de tanto daño y acabar con la niebla que cubre mis ojos, para que puedan volver a sonreír.

No voy a decírtelo

lunes 2 de julio de 2007


Esto no es una declaración de amor, ni las palabras que se dicen cuando no se sabe que decir.
No es el resultado de noches de miel y azahar, ni días de sol abrazándonos.
Esto no son frases escritas sin pensar, ni la búsqueda de ningún destino, no es una esperanza disfrazada, ni la añoranza que me envuelve.
No es que quiera escucharlo de tu boca aunque me guste como lo pronuncias. No es una respuesta, ni la pregunta, ni el principio de un sueño.
Sólo es el resumen de lo que siento, de punzadas que a veces duelen y otras en cambio me hacen cosquillas y sonrío. De mi desierto en tus labios, la paz que he deseado, saber que después de horas de vuelo sólo quiero aterrizar en tu pecho.
Sé que hay mil canciones que dirían lo que ahora mismo no voy a decirte, porque ya sabes que dice mi mirada cuando se cruza con la tuya.
Sólo es para decirte que acamparé eternamente en tu alma, si me lo permites, que seré polizón de tu corazón, cómplice de tus sueños, el agua sobre tu piel, la palabra que no encuentras, el silencio en el que descanses cuando no quieras escuchar nada.
No voy a regalarte la luna, porque es inalcanzable, no voy a prometerte un palacio en las estrellas ni te llevaré al fin del mundo porque yo todavía no encontré el camino.
Sólo voy a regalarte los pedacitos que encontré de mi corazón, mi regazo para que te refugies por si llueve y un sendero todavía no andado, donde veo tus huellas junto a las mías.
No tengo frases hechas, ni poemas sin sentido, ni finales de película, ni falsas promesas. No puedo prometerte la noche perfecta en un hotel de cinco estrellas, ni una cena en el mejor restaurante. No voy a llenarte la casa de mil rosas o regalarte un diamante en San Valentín.
Sólo esperaré que tu vengas, llenaré tu piel de mis besos, susurraré en tu oído que te amo mientras duermes. Acunaré tus sueños, rociaré de caricias tu almohada para abrazarte aun cuando esté lejos. Te regalaré mis mejores momentos, llenaré tus rincones con sonrisas, te dejaré mi mirada para cuando quieras cerrar tus ojos.
No voy a decirte que estaré contigo toda la vida. Sólo voy a dejar que un día me mires, mirando el cielo junto a ti y descubras que sigo a tu lado, a pesar de todo... O tal vez, gracias a todo.

Nada en común

viernes 29 de junio de 2007


No teníamos nada en común, pero tu manera de sonreír y el negro de tus ojos, hostia, me hacían olvidar las contradicciones que acabarían por amargarnos la existencia.

Eras una veinteañera bajita, pero totalmente proporcionada en todos aquellos lugares en los que, desde tiempo inmemorial, los cerebros-polla de los tíos y los cerebros-coño de las lesbianas sentían la necesidad de cierta proporción. Ya sabes, ni el punto extremo de delgadez a lo años 20, ni la jodida protoobesidad postindustrial que asolaba a las adolescentes de 2007. Los medios de comunicación nunca lo entenderían. Para ellos la belleza sólo era una acumulación de silicona y estupidez, adoctrinamiento y moralina, a partes iguales.

Nos habíamos conocido de un modo poco común para aquel tiempo de incipientes conexiones asimétricas. Cuando los anuncios por palabras de los diarios no eran el tablón de anuncios de un puticlub de carretera. Cuando algunos nostálgicos aún se tomaban la molestia de escribir cartas manuscritas, con su sello, su buzón y su eterno período de espera. Nos habíamos conocido justo al empezar el verano, quizá por eso esta noche me ha dado por recordar. Quizá por eso esta noche se me ha puesto el coño húmedo recordando los inicios de aquel largo y cálido verano.

Tu coche era de color mostaza y yo me movía en todo tipo de transporte público, como sigo haciendo ahora, sin carnet ni vehículo. Entre otras cosas porque me la pelan los coches, porque en autobús se conoce gente y porque prefiero gastarme la pasta en equipos informáticos, libros o lo que me apetezca. Nos recuerdo cabalgando la M-40, mostaza y azul, rozando los 180, serenos de camino a tu casa o a la mía, punto de encuentro temporal desde el que, por fin, dar paso a la embriaguez de los licores y los cuerpos y la carne a la brasa de las fiestas populares... por no hablar de aquel garito creo que asturiano, o gallego, donde nos poníamos hasta el culo de albariño, lacón y grelos. Asturianos y gallegos follando alegres en la orgía gastronómica, preludio de jugos infinitamente más interesantes que los gástricos, sin duda.

La primera noche que entramos en contacto quedamos en la carretera de acceso a la urbanización donde yo vivía accidentalmente. Recuerdo que la sensación fue extraña. Ibas a recoger en tu coche a una anónima caminante en medio de la tibia noche de principios de junio. Lo primero que hicimos fue sonreírnos y sentir que, joder, al menos la otra no había mentido. Al menos la otra era deseable y dentro del rango de edad aceptable, vamos, nada de 20 años para arriba... ni para abajo.

Tú dijiste, ¿dónde vamos? Y yo te respondí que al centro, a una jodida taberna de esas llenas de madera, whiskies irlandeses, y cervezas densas y aterciopeladas. Te pareció de puta madre, y como no conocías la parte del extrarradio donde habíamos coincidido gracias al móvil, los callejeros y la casualidad, tuve que guiarte a través de la siempre sensual y siniestra Casa de Campo.

Aquella primera noche decidimos no follar, pese a que reconocimos en voz alta estar deseándolo como locas. Aquella primera noche había sido de una intensidad y un acercamiento tal, que estábamos seguros de poder mantener la magia hasta... el día siguiente.

Recuerdo ahora tu especial forma de contraer el músculo pubocoxígeo, cuando mis dedos entraban en secreta armonía con el resto de tu sistema sexual. Dedos y coño, palabras y alma. Recuerdo tu facilidad al lubricarte con tan sólo la proximidad de mi cuerpo. Tu baja estatura hacía que me sintiera un tanto superdotada, un tanto excesiva y voluptuosa, borracha de ti.

También es cierto que en el sexo siempre tuvimos puntos de vista discrepantes, quizá relacionados con mi concepción global del asunto... Quizá relacionados con tus insistentes negativas a adoptar determinadas posturas, determinadas vías... y, joder, que no sabías comerme el coño en condiciones, mi amor. Eso era un hecho. No tenías ni puta idea. Me hacías recordar, y eso siempre es triste, a esa novia gallega que era una jodida maestra en el tema, quizá porque compartió conmigo la enseñanza bidireccional... y yo aprendí a comer coños y ella me demostró que, con diálogo y comunicación, el sexo puede sobredimensionar cualquier relación hasta extremos absolutamente extenuantes, para bien o para mal.

Pero, a lo que iba, tú y yo conseguimos ese grado de enganche más o menos llevadero, como siempre que dos cuerpos nuevos juegan a conocerse. Como siempre que aún queda espacio para la sorpresa y el mutuo aturdimiento.

Empezó entonces una curiosa relación marcada por el arco norte-sur de la M-40. Tú vivías en un extremo y yo en el otro. Una vez me dediqué a contar los kilómetros que nos separaban, viviendo prácticamente en la misma ciudad, y me sorprendió descubrir que eran unos 50. Pero claro, yo era un chica acostumbrada a distancias mucho más humanas, mucho menos monstruosas.

Y así, tu coche mostaza y azul oscuro quemo ruedas, gasolina, asfalto y noche hasta decidir compartir las vacaciones de ese agosto que se mostraba próximo en todos los jodidos calendarios.

Un día de fiesta me contaste que currabas en el departamento de informática de una importante empresa, famosa por joder a muerte a todos aquellos a los que subcontrataba, aunque eso a ti te diera exactamente igual. Sí, ese fue uno de nuestros primeros desencuentros en el terreno mundano. En aquella época yo ya conocía la plenitud y los sinsabores del trabajo basura. En cierto modo, puedo considerarme un pionero sonriente. Mi eslogan sería algo así como "Comiendo mierda desde 1999". Gracias a ti descubrí que la leyenda urbana sobre ciertas listas negras a la hora de catalogar a los futuros curritos era más que cierta. Gracias a ti descubrí que un tío que hubiera reclamado un error en su nómina, o que hubiera pretendido cobrar una hora extra de esas que no son extras sino dedicación a la empresa, quedaba automáticamente excluido para el siguiente proceso de selección. Gracias a ti vi con mis propios ojos esa base de datos y, joder, yo todavía no estaba en ella porque aún no me había dado tiempo de joder la marrana lo suficiente a ciertos empresarios hijos de puta, a ciertos cargos medios, comemierdas de la vida y el sentido. Me consuela saber que, años después, te habrás acordado de mí al ver mi nombre escrito en alguna de esas listas negras. Cuando te conocí juraste borrarme, pero supongo que lo turbulento del final te haría olvidar ciertos compromisos...

Aquel desencuentro sobre usos laborales sólo fue el principio de una larga serie. Resultó que toda tu familia había pertenecido al bando que ejecutó a casi toda mi familia, no hacía tanto tiempo. Resultó que no habíais aprendido nada y seguíais con ganas de machacar a todo aquel que no pensase como vosotros. Resultó que tu forma de ser apolítica consistía en apoyar tácitamente al partido ese del buitre acechante. Entonces el sexo, que nunca llegó a ser plenamente obsceno, empezó a resentirse, porque si no hay sintonía, amiga, las mismas posiciones físicas acaban por revelar que el espectro de posibilidad psíquica también está anquilosado.

Recuerdo con total claridad el detonante de la crisis que nos separó. Fue una lavadora. Algo tan doméstico y cotidiano como una lavadora. No hay que buscar grandes explicaciones a los pequeños dramas, o viceversa. No hay que asfixiarse en palabrería para contar las cuatro verdades que nos hacen ser la mierda cantante y danzante (jaja, tú sí que sabes de qué me río, amig@) que en realidad somos. Fue una estúpida lavadora. Una lavadora que había que trasladar de un punto a otro de la realidad newtoniana. Una lavadora y, también es cierto, todo lo que habíamos vivido en esos 3 meses de sexo, comida, bebida, música (tú la tuya y yo la mía), literatura (sólo la mía. Presumías de no tener un solo libro en tu piso) y viajes (en tu coche, que era de 200 cc.). La lavadora y los plafones que había que cambiar y que fueron cambiados a costa de mi espalda, mis brazos y mi mala hostia. En fin, un cúmulo de desastres domésticos fueron el detonante que hizo volar todo por los aires.

Casi de inmediato llegaron las palabras, unas más fuertes que otras, y los reproches, unos más demenciales que otros, y las pequeñas revanchas, todas igual de gilipollescas. Casi de inmediato me vi recorriendo el arco norte-sur de la M-40 por última vez. Aún te recuerdo jurando cambiar la cerradura para que las llaves que me habías dado no volvieran a encajar jamás en tu coño lleno de prejuicios, mi amor.

Boom!

No teníamos nada en común, pero tu manera de sonreír y el negro de tus ojos, hostia, me hicieron olvidar las contradicciones que acabaron por amargarnos la existencia.

KaBoom!

Y, en fin, aquí estoy en una noche de principios de verano, años después, escuchando una de las músicas que sirvieron de banda sonora para aquellos días. Aquí estoy, comprobando una vez más que por encima de vídeo y foto siempre estará Sonido, dispuesto a trasladar todo el complejo sistema de palabras y recuerdos hasta el punto preciso en el que quise quererte tanto, que acabé creyendo lo que no era cierto.

Deseo

miércoles 27 de junio de 2007


Deseo acariciarte, notar como vibra tu piel bajo mi mano, recorrer entero tu cuerpo y dibujar con mis dedos el mapa de ese país donde quiero quedarme eternamente, ser una okupa de ti, invadirte, conquistarte, poseerte y caer finalmente rendida a tu abrazo.

Deseo empezar un beso interminable que nazca en tus labios suaves y siga la ruta de mis dedos, sin dejar desiertos, llenándote de besos, lamiendo tu esencia, encendiendo tu fuego, estallando de nuevo en tu boca, explosión de mi deseo fundido al tuyo, y empezar de nuevo.

Deseo percibirte antes de que llegues, cubrir mi piel de tu aroma y consentir que mi esencia dibuje una senda para tus pasos, dejar mi huella impregnada en ti. Que el aire me lleve cuando me añores, entre el perfume del mango y de la piña, para llenar de primaveras tus otoños, de verano tus inviernos. Que tu vengas hasta mí diluida en la brisa del mar, y me penetres sin reparo, llenando cada espacio libre, cada hueco, colmándome de ti.

Deseo escuchar tus silencios y ser eco de tus pensamientos, adivina de tus anhelos, seguir la trayectoria de tus sueños hasta hipnotizarte con el antojo de tenerme entre tus brazos, despojarme de recuerdos y banalidades y desnuda, vestirme con tu piel, con tus caricias, con los susurros de tu voz acariciando mis oídos, y olvidar hasta mi nombre y arrancarte tus temores, desnudarte para hacerte un traje con mis besos, y refugiarnos en el calor de este espacio tuyo y mío, sin más nada que nosotras mismas y esta pasión desmesurada.

Deseo mirarte mientras duermes, y desearte una y mil veces. Memorizar con mis ojos cada rincón de tu cuerpo para luego cerrarlos y encontrar con el mío todos sus secretos, despertarte al fundirme contigo y dejarme llevar por tu sueño, bailar al ritmo de tus latidos hasta acompasarlos con los míos, enredarme a ti, rodearte, envolverte, resguardarte en mi regazo y volverme tú y dejarte ser yo, volar para ti y llevarte conmigo, respirar por ti, dejarte sin aliento, exhausta, satisfecha y sin embargo sedienta de más besos, más caricias, de volver a mi cuerpo y gustosa cederte terreno, dejarme conquistar sin resistencia y amanecer viendo el sol salir por las colinas de tu piel, y quedarme dormida en las llanuras de tu pecho.

Vivo

martes 26 de junio de 2007


Mis ojos abren al alba y se inundan de la primaria luz. Comienzan a despertar, en sus nidos, los pájaros, mientras mis sentidos, uno a uno, recobran clarividencia. La sangre circula por la vertiente de mis venas; sin pausa, sube y baja entregando su caudal de savia al cuerpo, para que respire, camine y ame. La mente comienza con fortaleza su tarea recordando deberes y placeres a realizar en la mañana. Las manos se desperezan preparando el devenir de la jornada; se fortalecen para el trabajo o se suavizan para las caricias, que a todo dará lugar.
Vivo…
Me seducen cantidad de cosas y otras, afortunadamente, a mi edad y ante mis circunstancias, dejaron de turbarme; el amor, por lo nimio, hace meses que se desató en mi alma. Cosas que antes parecían superfluas, ahora poseen un valor de tesoros; ni qué decir de las cosas trascendentales que me rodean.
Me emociono admirando un ocaso junto al mar, mientras observo al sol que, sereno, se entrega rendido al agua que lo atrae. O al contemplar, tras la cálida intimidad de mi ventana, como la lluvia cae y hasta mí llega el penetrante aroma de la tierra saciada. Me conmueve la quietud latente que se presagia en la alborada. Y, cómo no, ante la aparente melancolía de un crepúsculo que se perfila preñado de sombras. Me gusta llenar los sentidos de primaveras y venero los tonos dorados y el olor a madurez que me regalan los otoños. La pasión inunda mi existencia…
Vivo…
Vivo y ansío beberme la vida; enamorada de ella estoy y hasta mi muerte ésta será mi cruzada. Levantarme cada amanecer con la bandera del vivir al viento y caminar, paso a paso, maquillando lo triste y deleitándome en lo bello que me aporte el momento. Y así, día a día gastado, loaré gracias, mientras añado una victoria más a mi intrínseco calendario.

Cosas

lunes 25 de junio de 2007


Cuantas cosas se nos pasan por la mente al cabo del día? De la semana? Del mes? Al año??? Infinidad de pensamientos que pasan inadvertidos y fugaces, por no ver el momento de ser invocados al exterior...

Escenas que toman vida en la cabeza mientras mandan impulso al pecho y sonrisas a los labios.. momentos que nos hacen viajar en pestañeos hacia la otra punta del planeta o hacia otras épocas... ideas sin patente que las aguante... sueños inalcanzables...

Miles... millones... infinidad de ellos que se pierden... todo eso que pensamos y no decimos, todo eso que pasamos por alto, todo eso que molesta o que agrada... tantas tantas cosas... que jamás se podrían ni contar ni hacer realidad...

Todas a la vez, juntas, mezcladas, exprimidas, en un mismo lugar a la misma hora, todas y cada una de las no dichas podrían ser el resultado de una 5ª guerra mundial.